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Durante los últimos meses el “Caso Gescartera” ha sido noticia en todos los medios de (in)comunicación de masas. De hecho, es el mayor fraude bursátil en este país. La desaparición de 18.000 millones de pesetas de esta agencia de valores ha destapado las inversiones que ciertas entidades supuestamente no lucrativas habían realizado. Así, se ha conocido que el Obispado de Astorga ha perdido 51,8 millones, 24,3 el Obispado de Palencia, 24,6 el Arzobispado de Valladolid, 4,4 el Obispado de Tuy (Vigo), las Agustinas Misioneras 465, 53,2 Manos Unidas; rondando el montante de las inversiones de las 36 organizaciones religiosas desaparecido en Gescartera los 2.000 millones.Además, ha salido a la luz que los Arzobispados de Burgos y Valladolid retiraron en 1999 de Gescartera 20 y 1105 millones, respectivamente. ¡Más de 1000 millones! Y lo peor de todo este asunto no es , ni mucho menos, el posible uso de información privilegiada que se deduce de las declaraciones hechas por el ecónomo del Arzobispado de Valladolid a la Cadena Ser el 25 de julio (Véase El Norte de Castilla del 27 de julio); sino la hipocresía que, una vez más, pone de manifiesto la Iglesia Católica; porque, a la vez que invierte millones en el mercado bursátil, pide ayudas a los organismos públicos para la rehabilitación de iglesias de SU propiedad. Por ejemplo, en el convenio para la rehabilitación de iglesias en Valladolid, el arzobispado participa económicamente aportando un 10%, mientras que el resto lo ponen instituciones públicas (Diputación, Junta de C. y L., y los ayuntamientos). (Ver El Norte de Castilla del 28 de julio). Pero esto no es nada nuevo, la Iglesia Católica ha creado alrededor de la idea de Dios verdaderos holdings, bancos, así como empresas de servicios y comunicaciones que están directamente vinculadas con ella, como la COPE, el Banco Popular Español, ... Ya, en 1994, ocurrió algo parecido a lo que está ocurriendo con el “caso Gescartera”, los procesos judiciales abiertos contra Javier de la Rosa pusieron al descubierto que, tanto en el Grupo Torras como en Grand Tibidabo, existían inversiones realizadas por 14 conventos y los arzobispados de Toledo y Barcelona.Por otra parte, la Iglesia Católica está impulsando la privatización de la enseñanza en este país; tanto con centros de enseñanza concertados, sino también con la apertura de universidades privadas. La privatización de la enseñanza no es más que fomentar la aparición de centros concertados privados, que reciben cuantiosas subvenciones de parte del Estado. Y aquí la Iglesia Católica se ha puesto en primera fila en número de centros concertados (en sus manos están más del 75% de estos centros), por lo que las subvenciones que recibe por este procedimiento significan un buen porcentaje en sus presupuestos (unos 420.000 millones recibe del estado). El disponer la educación concertada de mayores presupuestos que la pública, lo que se traduce en mejor equipamiento escolar, hace que l@s alumn@s de las escuelas y universidades privadas tengan más posibilidades de acceder a los “mejores” puestos de trabajo. Es decir, l@s chavales/as que tienen padres/madres con mucho dinero, generalmente, estarán mejor colocad@s que l@s que tienen padres/madres con poco dinero, lo que hace que la tan cacareada “igualdad de oportunidades” no sea más que una burda mentira y una forma de acentuar las diferencias existentes entre las clases sociales. Otro de los efectos de esta privatización de la enseñanza, que también es común a otros campos como pueden ser la sanidad, la atención a huérfan@s o a ancian@s, es el significativo empeoramiento de las condiciones laborales de l@s trabajadores/as. Un reciente ejemplo de esto es la noticia que difundieron algunos medios bajo el titular “Profesores de Religión denuncian que la Iglesia les cobra un <<impuesto revolucionario>>” (El Mundo, 11 de septiembre de 2001, pág. 20); recordemos que l@s profesores/as de esta asignatura cobran sus sueldos del Estado, pero quienes los eligen e imponen son los obispados. Aunque quizá la labor de adoctrinación no se pueda considerar un trabajo como tal, es evidente que las condiciones de otr@s trabajadores/as se ven afectadas bajo el capital eclesial. Esta multinacional, conocida como Iglesia Católica, al mismo tiempo que extiende su poder por el llamado 3er. Mundo, se ha puesto a la cabeza del movimiento anti-globalización en el 1er. Mundo “apadrinando” decenas de organizaciones y ONGs. La globalización económica (otra fase más del imperialismo), que erróneamente está siendo identificada sólo con ciertos organismos como el F.M.I., y el Banco Mundial, por lo visto ha creado gran disgusto en los palacios del Vaticano. Y es que hablar de globalización como un proceso uniforme en el que todas las multinacionales y poderes económicos del mundo se han puesto de acuerdo es incorrecto. La oposición que la Iglesia Católica está haciendo es a la “globalización” impulsada por el capital norteamericano, puesto que ella está relacionada directamente con el capital centroeuropeo, principalmente con el alemán. Observando el papel de esta religión (y también de las demás) en la Historia es fácil constatar que ha consistido en defender a los poderosos y en formar parte esencial dentro del aparato de poder. Y ahora que la expansión imperialista de los distintos poderes económicos del mundo (en oposición unos con otros o valiéndose de alianzas interesadas entre algunos de ellos) está extendiéndose por los países que estuvieron bajo la órbita soviética, la Iglesia Católica reacciona ondeando la bandera del reformismo pidiendo, según las propias palabras del Papa, que “se extienda ese paraíso en el que viven las personas más ricas del mundo a toda la población de la Tierra”. Sin embargo, la Iglesia Católica acapara en sus manos una de las mayores fortunas del mundo, que defiende con uñas y dientes cuando se ve amenazada.
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Alesana!
xD!!!
aplamos